investigar en el campo supone penetrar en un escenario y ver lo que (realmente) ocurre en su contexto...

Monday, August 07, 2006

'performative social science' en la "modernidad digital"...

Lo mas interesante de trabajar en un centro de investigación cualitativa es que la gente se pasa el rato hablando de cosas como significado, representación, performación, etc. Y esos conceptos se llevan a cualquier asunto cotidiano: programas de radio, eventos, el tiempo, series de televisión… y películas, sobre todo películas.
Trabajando más en serio, Kip me ha mostrado hoy parte de su trabajo en investigación performativa (que yo traduciría por representativa, de la representación). Este enfoque se ocupa de los efectos de las acciones en forma de significaciones y del contenido figurado de los acontecimientos presentes, futuros o pasados. Su Aplicación en la investigación cualitativa es diversa: etnografía (performativa), entrevistas en profundidad, observación participante, investigación acción, procesos autoreflexivos, estudios de casos, etc. Para una idea más concreta, puede verse un excelente ejemplo aplicado a una historia de vida en Jones (2006).
La investigación performativa actual está influenciada por la visión que Norman K. Denzin inció en el artículo “The reflexive interview and a performative social science” publicado en Qualitative Research. Denzin parte de cinco propuestas clave (capaces de sintetizar enfoques enteros) habituales en investigación cualitativa: representación de la entrevista, collage narrativo, entrevista postmoderna, representación de la escritura y etno-dramatización. Él recupera para la modernidad esas aproximaciones con la siguiente sentencia:
“En el comienzo de un nuevo siglo es necesario retomar la promesa de la investigación cualitativa como una forma de práctica democrática radical. La narrativa, interpretada en el contexto de las ciencias sociales, ha sido ocupada. Hasta ahora hemos explicado los relatos tomados del campo. Hoy sabemos que lo que escribimos es cultura, y que esos escritos no son prácticas inocentes. [Porque] solo conocemos el mundo a través de las representaciones que nosotros mismos hacemos de él”.
El proceso metodológico a que da lugar el enfoque de la investigación performativa se podría resumir en otra sentencia, con una potencia tan grande que atrapa: se trata de sustituir las palabras “entrevista” e “investigación” por la palabra “campo”. Por consiguiente, en tanto que elemento central, el campo también deberá formar parte de la (re)presentación de los resultados de una investigación cualitativa.
Como visión y como punto de partida es genial. Pero aun le falta una vuelta para adaptarlo al ciberespacio.
La mayoría de las personas investigando estos temas han crecido en la cultura del cine, de los relatos con comienzo, nudo y desenlace. Se podría decir que llegan a trasladar esa estructura narrativa a la interpretación de las historias de vida. Incluso en los casos en que representan esas historias de vida con multimedias. Pero hoy en día está presente la lógica de lo inmediato, muy vinculada con la cultura pop: el video-clip de dos minutos, las capturas de los móviles, los clips en la red, el discurso fraccionado de los sms, la mensajería instantánea, los post en los blogs, etc. No es solo Internet; la red actúa como soporte y medio de comunicación-conexión. Se trata de un tipo de estructura de comportamiento y una cultura propia de la sociedad de la información o, si se quiere, de la “modernidad digital”.
El proceso de transformación de la investigación preformativa clásica a una de tipo digital podría comenzar dándole la vuelta a esta sentencia de Denzin en el mismo artículo: “Nos hemos convertido en una sociedad de la entrevista [n.d.r. a propósito de la estimación de Holstein & Gubrium (1995), según la cual el 90% de toda información en ciencias sociales procede de entrevistas, incluida la investigación de los medios de comunicación, los servicios profesionales que trabajan con personas y, por supuesto, los investigadores sociales clásicos], una sociedad cinemática, en una sociedad que sabe de si misma a través de la mirada reflejada en los aparatos cinematográficos” [ver también, Atkinson, Paul & Silverman, David (1997). Kundera’s Immortality: The Interview Society and the Invention of the Self, Qualitative Inquiry, 3(3), pp.: 304–25; Denzin, Norman K. (1995)]. Pues bien, donde dice “aparatos cinematográficos”, podría decir simplemente “Internet”.
Entonces, parece no ser casual que en la charla con mis colegas de esta mañana el tema comodín fuera el cine. Yo conocía los títulos de los que hablaban solo por referencias, y ellos desconocían el software más elemental de la Web 2.0. La media de edad en la mesa, sin contarme a mí, era de 45 años. Puede que la brecha generacional (una versión de la brecha digital) explique algo de esto.
Seguimos…

el (supuesto) valor del careto en la web 2.0...

The Guardian publicaba el otro día que el sitio de relaciones sociales Facebook.com ha sido votado por los estudiantes estadounidenses en tercer lugar entre las cuestiones de más valor, solo por detrás de la cerveza y el iPod… pero por delante del sexo.
Al parecer, ahora le ha dado fuerte a los ingleses con ese sitio. En España aún tendremos que esperar porque las redes de Faccebook.com aun no llegan a nuestro país. Tangencialmente, sí alcanzan a México --considerado por los creadores yanquis como una estado más de EE.UU.-- y también tocan a la única empresa reconocida en el extranjero como española: Zara.
El artículo en cuestión, titulado “Face value” (un juego de palabras con el significado literal y figurado de la expresión: “valor nominal”, el valor económico de algo; frente al “valor de la cara/el rostro”… y es que en el sitio es imprescindible insertar una fotografía personal, convirtiendo al aspecto físico en un indicador más del éxito social), se publicó en el suplemento de educación del diario, y recoge experiencias de estudiantes que tratan de mejorar (como sea, en un contexto internacional extremadamente competitivo) su empleabilidad haciendo uso de las redes sociales, ahora enriquecidas en el ciberespacio por obra de la Web 2.0.
Lo más interesante para mí ha sido destripar la base de datos del software, formada por tren niveles: universidades, escuelas de bachillerato y empresas, para ver lo que realmente se cuece en el mundo de las redes sociales competitivas-al-estilo-angloamericano. Algunos resultados y paradojas:
# No está The Guardian, pero sí The Economist.
# Está Amazon, pero no eBay.
# Están Google, Yahoo, Microsoft, Sun Microsystems, Apple… y también la española Panda.
# Están The New York Time y Washington Post, pero no The Daily Telegraph.
# Está Zara, pero no Benetton... ni H&M
# No hay bancos relevantes, solo compañías de crédito.
# Están todas las Universidades potentes de EE.UU. e Inglaterra, incluido el MIT, pero no están la UNED ni la UOC españolas.
# No están las grandes escuelas de Negocios Españolas y sí las europeas y americanas.
# Están American Airlines y British Airways, pero no Iberia.
# Está Honda, pero no Yamaha.
Lo más interesante es la teoría de la apropiación social con la que cierra el artículo. Se comenta que lo que ha hecho elitista a Facebook.com han sido los propios usuarios, con perfiles de high standing universitario… Y es que con esa misma pretensión nació hace un par de años el sitio Bebo, pero los primeros en llegar a él fueros adolescentes que hicieron suyo ese espacio de interacción, alejándolo de los perfiles previstos en el plan de negocio.
Emmm... sobre la capacidad real de este tipo de plataformas de servir de palanca al empleo, un estudiante de la Universidad de Oxford comenta: “Nadie va a ofrecer seriamente un trabajo a alguien por el simple hecho de haberle visto en Facebook”.
Seguimos…

Saturday, August 05, 2006

la etnografía virtual no trabaja (solo) con comunidades virtuales…

En algún lugar he leído (o en muchos sitios con enunciados distintos) que la noción de comunidad en el ciberespacio ya no se remite al sentido clásico que la ubica en algún lugar y tiempo determinado. Una (ciber)comunidad puede ser vista como una comunidad de intereses, y lo que identifica a los grupos característicos (comunidades virtuales) son precisamente determinados parámetros que pueden tomarse en el sentido analítico como “características comunes”.
¿Es esto importante para la etnografía?
Veamos. Los archiconocidos Barry Wellman y colegas, en su archifamoso informe para el Pew Internet & American Life Project, “The Strength of Internet Ties: The internet and email aid users in maintaining their social networks and provide pathways to help when people face big decisions”, mantienen que la sociabilidad en la red va más allá de las interacciones virtuales y se proyecta en un entorno afectivo (de lazos afectivos en sentido amplio, personales, de amistad, amorosos, etcétera) físico, de manera que los sujetos más conectados virtualmente también lo son en la vida física. Qué es primero, si Internet y luego las relaciones personales, o si el éxito social y luego la proyección virtual, es algo que aún está por averiguar. Pero, en el estado actual de las cosas, la investigación de Wellman & friends ya permite validar una teoría que no se debería dejar pasar desde un punto de vista etnográfico: entre los virtualmente conectados se ha alcanzado un tercer nivel en el tránsito histórico de los modelos de sociabilidad, desde el predominio de las relaciones primarias –encarnadas en la familia y la comunidad física– hacia el de las relaciones secundarias –encarnadas en la asociación. Lo que el Informe Pew/Internet ha validado es la vieja teoría de Wellman (2001), según la cual ahora el patrón social predominante se constituye en torno a las relaciones terciarias, encarnadas en redes centradas en el “yo”. Es más, su definición de comunidad como “una red de lazos interpersonales que proporciona sociabilidad, apoyo, información, un sentimiento de pertenencia y una identidad social” (Wellman, 2001), toma ahora carta de naturaleza.
Aún es posible dar una vuelta de tuerca al clásico postulado de la comunidad de intereses en la red como eje de los análisis etnográficos. El análisis sociológico de Welman está solo a un paso del análisis filosófico-antropológico de Bruno Latour, con lo que aterrizamos en el campo que más nos interesa. Podemos tomar las reflexiones en su última compilación, donde por un lado matiza, y por el otro profundiza hasta el agotamiento, su famosa teoría del actor-red (enlace cortesía de Adolfo). Bruno Latour plantea cinco incertidumbres que dan paso a una redefinición de lo social: (1) no existe un solo grupo de pertenencia, sino que las situaciones personales son en sí referidas a múltiples formaciones grupales; (2) las acciones se entienden en el contexto de múltiples interacciones, hasta el punto de que no es sujeto quien inicia la acción sino que es diana de otras muchas interactuando a su alrededor; (3) las acciones no son solo construcciones humanas, también comprenden lo material, de manera que los objetos (y no solo los sujetos) influyen de forma determinante en el devenir personal; (4) los “hechos fácticos”, dados a priori, son también construcciones sociales; (5) la construcción de textos que reflejan situaciones (des un punto de vista empírico) se basa igualmente en la descripción de la red de mediaciones en torno a un acontecimiento. “Lo social”, al fin, es definido como “una asociación momentánea que se deduce interpretando las formas de agrupación de los actores”. A partir de este análisis brillante, Latour ofrece un corolario (como siempre ocurre con las recetas, de lo más cuestionable) para investigar las asociaciones implicadas en lo social… lo evito para no alargar…
Los análisis etnográficos en el ciberespacio desbordan las comunidades virtuales “al uso” puesto que los artefactos están implicados en la práctica totalidad de las relaciones entre humanos. Esto ya lo explicaban muy bien Miquel Doménech y Francisco Javier Tirado cuando decían, apoyándose en Latour (1999), que lo que está presente en las interacciones entre personas “son ciertos medios prácticos extrasomáticos que enmarcan y puntúan la interacción: textos, productos tecnológicos, arquitectura, instrumentos de medición, banderas... (…) la sociedad humana se sostiene gracias a elementos no humanos (…) Lo que nos sostiene unidos es lo que está más allá de nuestra carne, mezclado con lo lingüístico, con lo político e ideológico... En otras palabras, lo social no es lo que nos sostiene juntos, sino lo que es sostenido. Y la tecnología juega un papel primordial en ese ejercicio. En definitiva, tecnología y sociedad no son esferas separadas, sino algo mutuamente constitutivo y definitorio”.
En suma, no es posible entender como elementos separados lo tecnológico de lo social. La etnografía se ocupa de lo social, lo cultural y lo antropológico que hay detrás de sociedades y sujetos, y lo hace refirmándose a marcos estructurales que permitan explicar procesos (aún sin necesidad de contrastarlos como en los positivismos). Es por ello que una etnografía virtual (o, desde este punto de vista, ¿digital?) que sólo se ocupe de las comunidades virtuales basadas en intereses e interactuando a través de mensajería instantánea, blogs, o toda la parafernalia de la Web 2.0 no sería tal. En mi opinión, el debate estaría en si ese tipo de reduccionismo puede considerarse al menos microetnografía.
Seguimos…